La caída de la actividad metalúrgica ya tiene efectos visibles sobre el empleo. Empresas del sector comenzaron a ajustar planteles ante la baja sostenida de la producción.

El nivel de utilización de la capacidad instalada se encuentra entre los más bajos de los últimos años. Esto limita la posibilidad de generar nuevos puestos de trabajo.

Las expectativas empresarias para los próximos meses son mayoritariamente negativas. La falta de señales de reactivación y el contexto macroeconómico incierto condicionan la planificación.

Desde el sector reclaman una estrategia integral que contemple financiamiento, mercado interno y protección de la industria nacional.

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