La inflación mostró una desaceleración en los últimos meses, según los indicadores oficiales, aunque el alivio aún no se refleja de manera clara en el consumo cotidiano. Los precios continúan en niveles elevados y afectan especialmente a los rubros básicos.

Alimentos, transporte y servicios concentran gran parte del gasto de los hogares, que ajustan sus hábitos para poder sostener el consumo. En muchos casos, las familias priorizan productos esenciales y reducen gastos considerados secundarios.

Analistas advierten que la baja en el ritmo inflacionario es una condición necesaria, pero no suficiente, para una recuperación sostenida. Sin una mejora en los ingresos reales, la sensación de pérdida de poder adquisitivo sigue marcando la agenda económica.

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