Una reunión de urgencia de cancilleres de la CELAC, impulsada por Gustavo Petro con respaldo de Lula da Silva y Claudia Sheinbaum, terminó sin declaración conjunta por falta de consenso. Argentina encabezó un grupo de países que rechazó una condena unánime a Estados Unidos por la captura de Maduro.
Según las crónicas diplomáticas, el rol argentino fue central para ordenar un bloque que pidió evitar un pronunciamiento “cerrado” y discutir el episodio con mayor cautela institucional. La postura dejó expuesta una grieta regional: para algunos gobiernos, la acción de EE.UU. fue un quiebre inadmisible; para otros, una salida al estancamiento venezolano.
El episodio también marcó una línea de política exterior: Argentina se mostró alineada con la lectura de que la captura abre un nuevo escenario y rechazó convertir a la CELAC en una plataforma de condena automática.




