Guardar todo en la heladera es un error común que puede afectar la calidad de los alimentos. El frío modifica la textura y el sabor de varios productos, por lo que no siempre es la mejor opción. Identificar qué necesita refrigeración es fundamental.
El pan se endurece más rápido en frío, el café absorbe olores y el aceite de oliva puede alterarse. También el chocolate y algunas verduras pierden sus características originales. Estos alimentos se conservan mejor fuera del refrigerador.
En cambio, carnes, lácteos y comidas cocidas deben mantenerse refrigerados. Esto reduce riesgos sanitarios y evita la proliferación de bacterias. La clave está en el equilibrio.




