Durante su visita a Otro Día Perdido, Ludovico Di Santo recordó el bullying que sufrió en la escuela debido a su nombre. El actor relató que durante su infancia recibió distintos apodos y que las cargadas fueron una experiencia que terminó influyendo en su personalidad.

Di Santo explicó que su nombre lo hacía llamar la atención y que, frente a las burlas, aprendió a pelear, hacer chistes y hablar para defenderse. Para él, esas situaciones terminaron siendo parte de un proceso que lo ayudó a construir su carácter.

Años después, el actor eligió para su hijo un nombre también poco común: Filipo. Al ser consultado sobre esa decisión, la vinculó con su propia experiencia y volvió a bromear sobre la idea de que los nombres particulares ayudan a “forjar el carácter”.

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