Cada vez más personas incorporan baños de hielo, prendas de compresión y suplementos a sus rutinas de gimnasio para reducir el dolor y acelerar la recuperación. Una investigación del Centro de Nutrición, Ejercicio y Metabolismo de la Universidad de Bath analizó la evidencia científica disponible sobre estas prácticas. La conclusión fue que varias pueden aliviar las molestias, pero no necesariamente ayudan a recuperar la capacidad muscular.

El agua fría, a temperaturas inferiores a los 15 grados, puede disminuir el dolor durante las primeras 24 horas posteriores al ejercicio. No obstante, su utilización habitual después del entrenamiento de fuerza podría interferir en los procesos que favorecen el aumento de masa muscular. Los investigadores plantean que esta técnica puede resultar más útil cuando hay competencias consecutivas y poco tiempo para recuperarse.

Las prendas de compresión muestran beneficios en determinados indicadores circulatorios, pero no está claro que mejoren de forma significativa el rendimiento muscular. Entre los suplementos, la proteína completa ofrece mejores fundamentos que los BCAA, mientras que los estudios sobre el jugo de cereza ácida muestran resultados preliminares alentadores. Los especialistas recomiendan priorizar una dieta adecuada, el sueño y el descanso antes de invertir en productos de recuperación.

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