La morosidad de las familias argentinas alcanzó el 11,2%, el nivel más alto en más de dos décadas. El dato refleja un deterioro sostenido en la capacidad de pago de los hogares, que acumula meses consecutivos de aumento. El fenómeno expone el impacto de la situación económica en la vida cotidiana.

El incremento está vinculado a la caída del poder adquisitivo, el retroceso del empleo y el cierre de empresas. Cada vez más familias encuentran dificultades para afrontar sus compromisos financieros. La problemática se extiende a distintos tipos de créditos y entidades.

En paralelo, indicadores oficiales muestran un aumento de la vulnerabilidad social. La tendencia refleja un desacople entre las variables macroeconómicas y la realidad de los hogares. El endeudamiento creciente se consolida como una de las principales preocupaciones económicas.

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