La calidad del sueño está directamente vinculada a los hábitos cotidianos y al entorno en el que se duerme. Ajustar rutinas y reducir estímulos antes de acostarse permite que el descanso llegue de manera más natural.
Entre las claves más importantes figuran mantener horarios regulares, evitar pantallas en la noche y realizar actividades relajantes antes de dormir. Estas prácticas ayudan a que el cerebro disminuya su nivel de activación.
Además, generar un ambiente oscuro, silencioso y confortable favorece un descanso profundo. Dormir bien no solo mejora el rendimiento diario, sino que también impacta en la salud física y mental.




